Euskal Dantzarien Biltzarra
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Carnaval de langostas

Egilea: Arantzazu Zabaleta

Komunikabidea: Deia

Mota: erreportaia

Data: 2018-01-08

Lotura: Deia

El investigador Juan Antonio Urbeltz desmonta anteriores interpretaciones y defiende que el Carnaval y sus danzas y personajes son, en su origen, ritos para contener plagas de mosquitos.

El Carnaval está basado en ritos para contener plagas y no tiene nada que ver con la fertilidad. Es la tesis de Juan Antonio Urbeltz, que en su nuevo trabajo, Morir en la hoguera el martes de Carnaval. Representaciones dramáticas en Lantz y Lastovo (Pamiela), pone patas arriba las creencias y teorías más generalizadas en torno a este tema. 

Urbeltz nació en Iruñea en 1940 pero reside en Donostia desde niño y hace dos años recibió la Medalla de Oro de Gipuzkoa por toda una vida dedicada al estudio de la cultura vasca tradicional y, más concretamente, de la danza. Su punto de partida es claro: “Si el Carnaval es una fiesta universal, teniendo en cuenta que se celebra en toda Europa, desde los Urales hasta Vasconia, lo que no puede haber son explicaciones particulares, tiene que haber un elemento común, porque no es casualidad que todos los pueblos coincidan en este rito, hay un fondo de cultura muy viejo detrás”. 

La búsqueda de un origen común podría llevar a los ritos de fertilidad con los que el escocés James G. Frazer vinculó el Carnaval y otro tipo de danzas en su obra La Rama Dorada. 

El libro, publicado por primera vez en 1890, ha marcado todo el siglo XX y su planteamiento se ha extendido. “Es un libro casi canónico para muchos”, cuenta Urbeltz. Para él, sin embargo, “eso no tiene sentido”, porque “la fertilidad no existe en la naturaleza, si existiera, como una ley controlable, podríamos controlarla y hacer de la tierra el Jardín del Edén”. Por eso el investigador plantea “una nueva interpretación” de los ritos del Carnaval que, “aunque las pistas estaban ahí”, ha pasado “desapercibida” hasta ahora.

“Lo que sí existe en la naturaleza son el bien y el mal, y estos y otros ritos pretenden contener ese mal e impedir que entre. No pretenden expulsarlo, algo que también se ha difundido, porque eso significaría que primero lo tienen que dejar entrar”.

Y, en concreto, en lo que se refiere al Carnaval, el mal que se pretende contener son las plagas de mosquitos, langostas o tábanos que llegan en primavera y que destrozan las cosechas.

Urbeltz explica cómo, por ejemplo, los carnavales de Ituren y Zubieta son un rito conjuratorio contra el tábano: los joares hacen ruido para espantarlos y aunque aquí llevan cruces, cencerros similares utilizados en Carnaval en los Balcanes siguen llevando en relieve la figura del tábano. “Siempre quedan pistas, solo hay que saber verlas, todo no se puede borrar”, cuenta el investigador, que apunta que los cencerros con tábanos siguen existiendo en localidades de Grecia, Bulgaria y Turquía.

Urbeltz apunta que muchos de los animales y personajes de Carnaval son, en realidad, metáforas de los mosquitos. El zorro o incluso el moro lo son, un moro anterior al islam que, igual que el zorro, está relacionado con el vino. Urbeltz recurre a dichos populares en distintos idiomas que hablan de esa relación metafórica: “Moros van, moros vienen, se refiere al hombre que está a punto de emborracharse, y agarrar una buena zorra también es emborracharse. Incluso en euskera azeria larrutzen ari da se refiere a pasar una borrachera y hay expresiones similares en inglés y en francés”, afirma Urbeltz, que confirma así que todos los ritos de Carnaval proceden de ese fondo cultural europeo: “Hay un fondo común muy antiguo aunque no hayamos tenido una relación histórica con otros pueblos”, apunta. “Todo encaja perfectamente”.



Lantz y Lastovo

Caballos y militares

Para confirmar su tesis presenta en su libro dos carnavales concretos, el de Lantz, en Nafarroa, y el de Lastovo, una pequeña isla de Croacia. “El de Lantz es un rito contra el hambre”, incide Urbeltz, que afirma que el caballito o zaldiko representa la plaga de langosta. Llamar caballeta a la langosta, un masculino feminizado al ser un insecto preñable y que se multiplica rápidamente, es común también en distintas lenguas de Europa. Cuando pasa la plaga de langosta lo que viene detrás es el hambre, representado en el gigante Miel Otxin, y detrás llega la desvertebración social y la locura, los txatxos. Caro Baroja interpretó que los txatxos eran una aféresis de muchachos, cuando en realidad procede de txatxuak, locos o tontos en euskera. “Aunque se cuenta que el Carnaval de Lantz representa la leyenda de un bandido que les asaltaba, en realidad, la explicación es mucho más general”.

En Lastovo, la leyenda cuenta que una flota de moros catalanes (“el moro representa al extraño, al extranjero”) estaba atacando la isla vecina de Korçula y mandaron un emisario turco a Lastovo, de apenas 700 habitantes en la actualidad, en una txalupa para advertirles de que luego irían a por ellos. Los hombres cogieron las armas para defenderse y las mujeres y ancianos fueron a rezar. “Rezaron tan bien que una tormenta deshizo la flota de los moros catalanes y no atacaron Lastovo. Se quedaron con el emisario turco y en recuerdo de aquello todos los años reproducen su muerte en la hoguera”, explica Urbeltz, que visitó la isla croata hace unos años. El investigador incide en que también en este caso la imagen de la invasión militar es, en realidad, una metáfora de la plaga de langosta.



Durango e Inglaterra

Espadas y tábanos

No son casos aislados y Urbeltz cuenta que hay más danzas y ritos relacionados con los insectos y las plagas, como la ezpata-dantza de Durango. “Ezpatie tiene otra acepción allí, significa mandoeuli, tábano, aunque nadie se ha fijado en ello porque parecía evidente que se refería a la espada”, apunta. Explica que, en realidad, la espada es el aguijón del tábano, por eso se baila con ella en alto. “No es una pelea, de la guerra no se hacen bailes, no genera fiesta, aunque haya bailes con armas”, incide.

En Inglaterra hay bailes similares que se hacen también con espadas y pañuelos, los Morrismen. La tesis de Urbeltz es que proceden del término moor, moro, que sería otra metáfora del insecto. “Moorland significa zona pantanosa, llena de insectos, y puede que incluso el topónimo Morlans, de Donostia, que también era una zona pantanosa, tenga el mismo origen y haya llegado aquí a través del gascón”, aventura.